original de ares515
Pd.maroto,haber si te pasas por mi blog y me lo trolleas please... :nh
Vicisitud y Sordidez Blog
Satán es mi señor (parte I): ¡Tu vida va a ser un infierno!
Yo crecí en el polígano. Y, cuando eres pequeño, todo lo que te rodea te parece “lo normal”: los gitanillos trapicheando en la estación de tranvía abandonada enfrente de mi edificio de 15 pisos, los soportales reconvertidos a garajes o picódromos (también llamados “oficinas de colocación), los talleres mecánicos que pagaban a los kinkis del barrio para que rajasen todas las ruedas de los coches, las calles con apenas tiendas y un aparatoso Alcampo a 15 minutos de distancia... Con 8 años, dibujé una acuarela de mi polígono – Coia – que incluía sus pírricos parques, sus choris y sus peatones siendo atropellados. Y gané el primer premio de dibujo en mi colegio.

Así que podrán comprender mi asombro infantil el día que fui a casa de un amigo que vivía en “el centro” y descubrí que existía otro mundo. Con los años, fui comprendiendo que, además, el hecho de que uno tuviese menos sensación de ser atracado y violado por la calle en el centro que en el polígano tenía mucho que ver con una cosa que se llamaba “arquitectura” y otra que se llamaba “urbanismo”.
Podría ahora, viviendo en un barrio nada poligonero de Madrid, cagarme en todos aquellos arquitectos que convirtieron mi infancia en un infierno. Pero, si quieren que sea sincero con ustedes, ese infierno sigue siendo esa experiencia mítica de la infancia. Algo que me fascina y que, periódicamente, cada vez que me encuentro con ciertos edificios, hace que sólo pueda gritar:
Spoiler

¡SATÁN ES MI SEÑOR!

¡SATÁN ES MI SEÑOR!
¿Van pillando el feeling?

¡SATÁN ES MI SEÑOR!
Venga, no me digan que no se quieren unir al coro...

¡SATÁN ES MI SEÑOR!

¡SATÁN ES MI SEÑOR!

¡SATÁN ES MI SEÑOR!

¡SATÁN ES MI SEÑOR!
Incluso se le podría dar a las fotos un punto de megalomanía facciosa sideral y gritar...

¡SATÁN Y DARTH VADER SON MIS SEÑORES!

Pero, ahora, toca el momento de la revelación (más impactante aún que saber que el arquitecto autor de esas dos últimas obras – parecidas a un destructor imperial - tiene un nombre tan maravilloso como Clorindo Testa). Fozando en Internet, me di cuenta de que esta apoteosis del satanismo no era una cosa casual, sino que obedecía a un plan maléfico cuya terrible historia, a continuación, paso a relatarles. Elijan su mejor sillón, cojan puro y coñac – o peppermint, si les da un puntillo más putón – como onvres y munheres de pro que usarcedes son, porque hoy comienza la primera parte de un post épico-cultural: la historia de aquellos adoradores de Satán que querían – y lograron – que nuestra vida fuese un infierno.
En el principio fue Le Corbusier...

“La vida es un camino. Elige bien al que te vaya a guiar”. En el occidente arrasado por la Segunda Guerra Mundial, el mundo eligió, para reconstruir las ciudades (lo que es lo mismo que decir “cómo vas a vivir en comunidad”) ¡a un suizo capillitas!
De la misma forma que un decorador minimal erraría si no pone una papelera para compresas en los váteres de señoras o el diseñador de un frikódromo erraría si no pone una colgador para que los roleiros dejen sus mochilas, alguien que diseña una ciudad para seres humanos que salen a la calle a pasárselo mínimamente bien debería ser un ser humano que saliese a la calle para pasárselo mínimamente bien.

Así visto, un suizo meapilas fue la peor de todas las elecciones posibles. Y seguiré considerando a Le Corbuisier como uno de los mayores enemigos de la humanidad (como Platón fue enemigo del pensamiento o Bruno Mattei del cine) ante toda la jauría de licenciados en arquitectura que han tenido que sufrir una media de trece años en esa carrera. No porque sea difícil (las cosas chungas como cálculo de estructuras lo terminan haciendo los ingenieros) sino porque lograr que te laven el cerebro con las ideas de Le Corbusier es un proceso que, por cojones, tiene que tomar su tiempo.
Quien haya estado en Suiza sabe que la palabra “aburrimiento” cobra unas dimensiones TAN estratosféricas que hasta los freaks más gordos y sedentarios terminan practicando algo tan contrario a su religión como el senderismo y el esquí. Por ello, no debe extrañarnos que la idea de Le Corbusier de convertir la ciudad en “un bosque de columnas” no resultase extraña para un suizo.

Y yo digo... Hombre, lo de hacer reposar todos los edificios en pilares de hormigón está más o menos bonito para una foto en una revista gafapasta. Y para los que les guste el olor del orín fresco por la mañana. Y un servidor se echó su buena hora viendo algo mejor aún que eso en el interior de la Catedral de Córdoba (no, no esperen que la llame “mezquita”: me niego a tener en España uno de los principales centros de peregrinación mundiales para pirados filoterroristas). Lo que ocurre es que, pasada esa hora, pude salir a tomarme unas cañas en una terracita al lado de la catedral. Sin embargo, al pobre fistro que haya contemplado una hora los pilares del polígano ¿qué puede hacer cuando quiera tomarse unas cañas?
Encarna Sánchez SIEMPRE tuvo la respuesta: “¿Pues qué va a hacer? ¡Drogarse!”.
Y así comenzó la historia del poligonerismo. Y de las ciudades dormitorio. Porque una cosa es el urbanismo racionalista del Eixample en Barcelona – con sus tiendas y todo - y otra el delirio poligonero de pilares de hormigón de Le Corbusier. Para que vean la apoteosis de su visión nazi – no exagero: fue invitado por Mussolini a dar charlas sobre arquitectura, colaboró alegremente con el gobierno de Vichy y estuvo en un partido antisemita y ultanacionalista en los años 30 - quiero enseñarles una zona del Marais (París) que, por motivos personales, es mi rincón favorito del mundo:

Bueno, pues este era el plan del Corbu: arrasar todo el Marais y, en su lugar, edificar ESTO:

Estamos ante la pesadilla orgiástica de un nazi. Un sueño tan húmedo como el que tiene Esperanza Aguirre al encontrarse con un maricón comunista que le pide, por favor, sanidad y escuela pública para su hijo adoptado, ante lo cual la Lideresa dice, como quien espera mil años para pronunciar su frase definitiva:
“No”.
Llegan los brutalistas (en serio, se llaman así)
Da igual lo que pensase la gente de bien: los gobernantes hicieron caso al Corbu. Especialmente en las dictaduras comunistas, lo cual no debería sorprender a nadie (Bueno, sí le sorprendió a lanavajaenelojo cuando, de pequeña, y de turismo por el este, veía como un guía turístico mostraba orgulloso sus bloques de viviendas sociales que convertían a Móstoles en Versalles).
Sin embargo, hubo dos países no dictatoriales que, mejor que ningún otro, decidieron que la vida de sus habitantes tenía que ser un infierno. Me refiero a Inglaterra y Escocia. Big fucking surprise.
Después de la Gran Guerra, había un sentimiento entre los artit-tas de que “la belleza es inútil” porque no había podido crear un mundo mejor. Así que... ¿por qué no abrazar el hormigonazo y el mamotetrismo como la nueva estética?

A esta gente me gustaría decirles que “la belleza” no es algo que se hayan inventado ellos. Todo el mundo tiene una idea sobre “lo bello” (y, si no, no se explica la taquilla de Transformers). Y, desde luego, el “bello” culto a Satán que estos arquitectos perpetraron tuvo una curiosa conclusión: pocos de sus edificios lograron vivir más de veinte años. La gente aplaudió con ganas su demolición, pero todavía quedan obras en pie que, cual museo del Holocausto, recuerdan a las futuras generaciones que ESO no debe volver a repetirse (luego veremos que los arquitectos siguen sin aprender nada de la historia).

A continuación, vamos a ver algunos hits brutalistas.
Robin Hood Gardens
El matrimonio Smithson inventó un concepto que, así dicho en inglés, suena chulo: “Streets in the sky”. En español su traducción es menos lírica y viene a ser “Joer, enteraos, que habéis vuelto a inventar la corrala. Y de hormigón”.
Y es que, en los 60, una idea muy popular era la de separar radicalmente a los peatones de los coches. Así dicho, no suena mal. El problema es que, en el reparto, los peatones se acabaron quedando con rampas de hormigón que iban de un sitio a otro sin tener nada a los lados y los coches arramplaron con todo lo divertido.
Still, lo de las estritsindaskai, en la práctica, era crear un tremendo pasillo a la salida de tu casa con el que lograr no tener terraza, tener menos luz en el interior y, además, tener enfrente de la casa un lugar de paso para todos los vecinos (de follar en el salón mejor nos olvidamos) y, como todo buen lugar de paso público sin tiendas ni hostias... Sí, ya sé que saben la respuesta: un picódromo.

Claro que también podrían responder: un buen lugar para robarte y violarte y luego escapar con alegría. A día de hoy, la mejor forma de explicar las estritsindaskai es decir “¿Sabes donde viven en ‘My Name is Earl’ o en todas las pelis de Ken Loach?”. Y el terror se dibujará en la cara de nuestro oyente.

La obra maestra del matrimonio que creó esa gran herramienta de Satán que son las estritsindaskai fueron los Robin Hood Gardens: una macrovivienda que demuestra que el 99% de las “soluciones brillantes” que planteaban los arquitectos brutalistas, en la práctica, generaban el triple de problemas.
Por ejemplo: “Ésta es una zona muy ruidosa”. ¿Respuesta? Primero, hacemos unos muros alrededor del edificio que se las harían pasar putas a Michael Scoffield y perder aún más vista a Stevie Wonder.

¿Y luego? Pues un extensísimo parque que separe los Robin Hood Gardens del tráfico. Lástima que los arquitectos son enemigos de los árboles – por aquello de que tapan la arquitectura – y sus parques son una oda a los “espacios abiertos” (ya saben, a la gente con muchas pelas, les gusta viajar “al desierto” porque allí no están los zafios que van a Mallorca). ¿El resultado? Lo que TODOS los jardines “modernos”: tremendo picódromo con tremenda solanera en verano que quema la hierba hasta convertirla en rastrojo. Furthermore, a todos nos gusta pasear por un parque – yonki free, of course – de vez en cuando. Pero invertir media hora todos los putos días en atravesar un erial para poder ir al trabajo es algo que merece el linchamiento del diseñador.

Actualmente, el edificio está comenzando a amenazar ruina y, a los pretenciosos que lo diseñaron, no se les ocurre nada mejor que intentar que lo acepten en el “Patrimonio inglés” y que los contribuyentes tengan que pagar una delirante reforma. Y ese es el momento en el que los ingleses, a diferencia de los españoles, se dan cuenta de que UN SOLO edificio público cuesta más dinero que todas las subvenciones que el cine ha recibido desde la democracia. Sin embargo, en España, mientras la gente se aprende los nombres de cuarenta directores a los que reclamar su dinero – y llamarles, de paso, “maricones rojos hijos de puta” - ¿Podría alguien decirme el nombre del estudio de arquitectura que, por ejemplo, ha perpetrado esa cosa en la Plaza de Santo Domingo de Madrid?

Conozco directores de cine – como mi bienamado Víctor García León – que, ante el clásico exabrupto “maricones rojos hijos de puta” responden, cabalmente, con un “Hombre, pues tiene su razón...”. Pero aún tengo que encontrar a un arquitecto que no entienda que tirar al suelo los Robin Hood Gardens es una cuestión de caridad cristiana para con sus ocupantes.
Como colofón, esta foto que los modelnos hicieron para demostrar que las estritsindaskai son pura alegría: ¡los niños juegan en ellas!

¿Qué quieren? Ante esta foto sólo puedo decir “educando a los yonkis del mañana”
Park Hill
Si viajan a Inglaterra y adoran, aunque sólo sea un poquito, a Satán, no pueden dejar de visitar esta obra: la Meca del Satanismo.

El bloque de viviendas más grande del mundo está en Sheffield y sus estritsindaskai son la culminación definitiva del grito de guerra “¡Por favor, róbeme, vióleme y máteme!”.

Park Hill nació para acomodar a las clases trabajadoras tras la posguerra y aportó un punto de “buena conciencia” a los arquitectos pretenciosos. Ya no eran los pringados que hacían palacios a sueldo del mecenas, sino que, ahora, podían ser unos “rojos” del lado del pueblo. Podían ser los que reclamaban la nobleza proletaria del hormigón frente al decadentismo burgués del mármol.

Evidentemente, el proletariado terminó diciéndoles “Habla por ti, gafapasta. El hormigón y el acero visto en países en los que sólo llueve acaba siendo sinónimo de chorretón. Y, una vez más, si no pones buenas tiendas y vidilla nadie se va a quedar en el descampao yonkis que rodea el edificio”.

¿Conclusión? Delincuencia, abandono y partidos políticos – fachosos, pero, a veces, hay que darle la razón al enemigo – que han hecho campaña electoral prometiendo cargarse Park Hill. ¡Visítenlo mientras puedan oyendo Slayer a todo trapo en su mp3! Porque ni campañas gafapasta como esta van a convencer a ningún cliente del Mercado de Fuencarral para vivir en Park Hill.

El programa de la BBC ‘English Heritage’ dedicó un especial a reivindicar la rehabilitación de Park Hill y lo único que logró fue asustar a los pobres contribuyentes. Eso sí, debo reconocer que los ingleses, cuando quieren ser “ecuánimes” a veces son la bomba y tienen ideas como el programa “rival”, que se emitió en Channel 4 y que llevaba por título ‘Demolition’ . La gente votaba los edificios británicos más espantosos y, again, big fucking surprise, Park Hill quedó en primer lugar.
Cumbernauld
El yonkismo de la novela ‘Trainspotting’ tenía lugar en Edimburgo pero, a la que tocó hacer una – muy acertada – traducción a imágenes, Danny Boyle se dio cuenta de que Glasgow era EL sitio para ambientar la historia.
O, análogamente, Jonathan Glazer decidió que un polígono satánico de Glasgow era un bun objetivo para atacar con pintura de colores en su celebrado anuncio de Sony Bravia.

Todo satanista de pro tiene que hacer una visita a esa ciudad para, acto seguido llegar a las afueras de Glasgow y descubrir a Cumbernauld ¡toda una ciudad basada en los principios del Brutalismo!

El centro de la ciudad estaba planteado como el primer gran centro comercial de múltiples niveles de Europa. Y con “executive flats” en la parte superior. ¿Por qué será que nadie los alquiló?

Y todavía hoy se preguntan por qué Cumbernauld ha ganado DOS veces el premio ‘Plook on a Plinth’ a la chunguez y depresión creada por la pésima arquitectura y peor urbanismo. La segunda vez se lo dieron porque... ¡no habían hecho nada tras el oprobio y escarnio público del primer premio!

Bueno, sí que hicieron algo: intentar animar la vidilla de la ciudad haciendo otro centro comercial. Problem is, prácticamente ninguna tienda se animó abrir nada allí.

Viendo a esta gente en la inauguración uno se pregunta si está viendo la primera convención escocesa de Dillingers o un remake gaitero de ‘Dawn of the Dead’.

Still, el principal motivo por el que Cumbernauld tiene apartado propio en ente post es porque... ¡Es la ciudad en la que se fabrica la infame bebida Irn-Bru! ¡Sí, ese refresco consumido por Paco para fundir su esmalte dental y ser objeto de cinco colonoscopias al mes! Como pueden ver, TODO en el mundo del satanismo sórdido encaja en un terrible plan maestro que preferimos no conocer en su totalidad.
¿Recuerdan el plan del Corbu de arrasar París? Aquello no fue una mala tarde de borrachera y sesión golfa posterior de pelis de Uwe Boll, sino un proyecto que presentó machaconamente a las autoridades ¡durante cuarenta años! Pero hubo sentido común: ni siquiera los nazis quisieron arrasar París en su momento. Tristemente para los arquitectos, los plantes de Le Corbusier no quedaron en la esfera de los sueños para que pudieran decir, como un buen Pío Moa, “Si lo hubiesen hecho/ Si los rojos hubiesen ganado la guerra...”. Dichos planes se aplicaron en Estados Unidos y, una vez más, los resultados me dan la razón.
Onvres y munheres, I give you… Cabrini Green!

Aplaudan su record Guiness de lograr que la basura llegase hasta el piso 15.

Furthermore, esta zona, en su momento, no era precisamente lo más arrastrado de Chicago. Pero luego, logró delimitar sus fronteras con orgullosos desfiles de cucarachas. Con alguna que otra rata, por aquello de dar color.

Eso sí, de momento aún sigue en pie. Cosa que no puede decir el otro jran jit satánico yanki: Pruit-Igoe.

Este urbanismo es el cenit del movimiento llamado “Urban renewal” que, en español, significa, “Vamos a arrasar los vecindarios con vidilla que tanto molestan al señor Corbusier y, en su lugar, rendir culto a Satán”. ¿Por qué triunfó esta aberración? Pues por el mismo motivo que, con didacticismo, logran triunfar las lecciones de higiene genital para adolescentes: es tan fácil convencer a un chaval de que se frote la minga con jabón en la ducha como convencer a un promotor inmobiliario de arrasar todo un barrio – con una ley del gobierno que permite la turboexpropiación – para edificar rascacielos.
¿Ven? El otro gran invento de Le Corbusier fue la especulación inmobiliaria a saco (además del polígono, las ciudades dormitorio o los grandes centros comerciales para calorros que reunan TODAS las tiendas de una zona).
Para redondearlo, como todo buen barrio Corbusieriano, distinguía los edificios entre “para blancos” y “para negros”. No es de extrañar que todo el mundo huyese de allí y que su demolición fuese un evento tan celebrado que la televisión lo retransmitió mundialmente.
