El tilt: Bad beats y varianza
Las emociones se salen con la suya
En póquer, tanto los bad beats (mano en la que eres favorito pero pierdes por una carta improbable) como
la varianza elevada son realidades contra las que no se puede luchar y
que nadie que sepa algo sobre el juego puede negar.
El foro de PokerStrategy está repleto de historias sobre bad beats
y de comentarios acerca de la varianza "brutal". Igual de frecuentes son las respuestas a estos hilos del tipo: "Eso es muy
normal, a la larga vas a ganar dinero de todas formas, no te preocupes,
la varianza es parte del póquer, etc."
Por regla general, los "afectados" saben en qué consisten tanto los bad beats como la varianza, sólo que no hacen nada al respecto para cambiar la
situación. Todos sabemos lo que significan, pero las
oscilaciones en el juego y las continuas situaciones desfavorables
inesperadas acaban por impedir que juguemos al cien por cien de
nuestras posibilidades.
¿Pero por qué nos ocurre esto? Pues porque a nivel
cognitivo, es decir, a nivel de comprensión, entendemos lo que sucede,
pero la situación nos acaba sacudiendo emocional e intuitivamente. Somos conscientes de lo que ocurre desde el punto de vista racional y, con la ayuda de nuestro cerebro, luchamos por mantener el
control, pero nuestras emociones al final se salen con la suya. Nos dejan K.O. y acaban con nosotros.
Por eso, tienes que repetirte una y otra vez que tener malas rachas en el póquer es algo completamente normal y que sólo repercute en las pérdidas reales, por lo que ni tu estado de ánimo ni tu forma de jugar deben verse afectados por esta situación.
El punto de vista psicológico
Expliquemos brevemente cómo funciona la
percepción: a través de los cinco sentidos (vista, oído,
olfato, gusto
y tacto) enviamos estímulos perceptivos a nuestro cerebro, que
una vez allí serán procesados de forma sináptica, lo que se consigue
gracias a complejos procesos neuronales interconectados, al final de
los cuales dichos estímulos se transformarán en impresiones
perceptibles por la conciencia. Estas
impresiones se denominan "submodalidades", y son las sensaciones de
caliente, frío, claro, oscuro, suave, rugoso, dulce, picante, amargo, y
un largo etcétera.
Si te das cuenta, mientras estamos explicando estos conceptos, ya se ha producido una nueva transformación en el cerebro, en este caso al intentar describir con palabras las impresiones anteriormente mencionadas. Lógicamente, esto no sólo se logra gracias al lenguaje, ya que en la práctica aparecen redundancias y, por consiguiente, también malentendidos, pero éste ya es otro asunto.
Así, por ejemplo, cuando durante una racha de mala suerte nos viene un bad beat
detrás de otro, notamos cómo el cerebro nos asesta una fuerte "estocada", materializada en un sentimiento
"amargo" que nos recorre el cuerpo,
ininterrumpidamente, sin cesar. Entonces el intelecto nos dice:
"¡Tranquilo, todo va bien!", pero las "heridas" están pasando por un nivel
emocional más profundo que el cerebro es incapaz de controlar.
![]() |
El cerebro nos dice: "¡Tranquilo, todo va bien!", pero las malas sensaciones siguen ahí. |
Por eso, aunque a veces intentamos que el cerebro organice todo lo vivido
de forma que obtengamos una relación de hechos coherente, comprensible
y con sentido (lo que se conoce como "racionalizar"), las malas sensaciones siempre siguen ahí y no dejan que
el cerebro las elimine tan fácilmente.
Es más, los acoplamientos sinestéticos en la conciencia hacen que un suceso determinado provoque una determinada reacción, que se origina de forma inconsciente y automática. A menudo nos ocurre algo parecido al condicionamiento de los famosos perros de Pavlov, por lo que reaccionamos de un modo determinado ante una situación que no nos es favorable (por ejemplo cuando decimos: "¡Oh, no, ya empieza de nuevo...!").
Tal y como ocurre en
nuestro ejemplo, dicho estímulo (como submodalidad) puede ser una frase o una palabra determinada, o
simplemente una entonación concreta, o el mero hecho de rozar algo
en particular, y puede ser de tal modo interpretado, que
produzca en nosotros un estímulo
negativo. Puede tratarse de todo tipo de estímulos visuales,
cenestésicos o auditivos que, asociados a un determinado
acontecimiento negativo, acaben provocando ese estímulo.
No hace falta mencionar que también existen estímulos positivos, como
por ejemplo una determinada melodía, una fotografía, un recuerdo o el
hecho de ver cómo nos hacemos con las fichas de colores sobre la mesa, lo que nos
llena de sentimientos positivos.
Si un determinado estímulo se presenta una y otra vez, entonces una determinada experiencia negativa (como un bad beat) se repetirá constantemente, con lo que iremos "amontonando" una experiencia negativa detrás de otra y esto hará que sus efectos se multipliquen, además de que dichas situaciones negativas sean cada vez más frecuentes.
Con el primer bad beat
todavía nos reímos, con el tercero ya empezamos a poner mala cara, y
cuando ya llevamos cinco o diez en una misma noche acabamos poniéndonos
de mal humor. Tras unos días o incluso algunas semanas de mala racha,
nos convertimos, dadas las circunstancias, en un "manojo de nervios" y, si al principio de la mala racha necesitábamos muchos motivos para ponernos nerviosos, ahora bastará con una situación negativa para que el juego se destruya por
completo, debido a que perdura el efecto de todos los acontecimientos
negativos que se han ido "amontonando" hasta ese momento.
Obsérvate a ti mismo
Estos procesos funcionan como filtros, por así decirlo, como filtros de conciencia, que ajustan la visión objetiva de nuestro juego a lo que ocurre sobre la mesa. Para valorar de forma objetiva una situación, así como para poder clasificarla y ser capaces de actuar adecuadamente, ya no basta con tenerla en cuenta como algo aislado, sino dentro de su contexto.
![]() |
| Tienes que cambiar la perspectiva. Pregúntate "¿Cómo estoy realmente?" |
Cuando se nos presentan situaciones negativas nos sentimos totalmente estancados. Estamos tan atascados y bloqueados, que pensamos
que no hay forma de ir hacia adelante ni hacia atrás.
Si fuésemos un ordenador podríamos reaccionar en cada situación de la forma más razonable posible y evaluar cada mano objetivamente, por ejemplo
desde el punto de vista matemático, independientemente de lo ocurrido
anteriormente. Pero no somos ningún ordenador, por lo que tenemos que
admitir que nuestras emociones se cruzan de forma inevitable en el camino
de la razón y a veces acaban ganándole la partida.
¡Pero no te preocupes! Posiblemente la solución
sea hacernos cada vez más conscientes de estos procesos, y utilizar
cualquier mecanismo que nos ayude a evitar el tilt. A
continuación te proponemos una serie de recomendaciones que puede que ya conozcas, pero que sin embargo no surtirán efecto
si no las pones en práctica.
¡Obsérvate a ti mismo! Hazte preguntas como:
- ¿Cómo me siento?
- ¿Cómo estoy realmente?
- ¿Estoy realmente como me siento?
- ¿Sigo en plena forma?
- ¿Estoy en condiciones de seguir dando el cien por cien en el juego?
La propia capacidad de introspección, es decir, la posibilidad de bucear en nuestro interior y ser capaces de observarnos a nosotros mismos, está a menudo sobrevalorada, y además nos somete a mucho estrés, ya que al enfocarnos en la situación que nos provoca dicho estrés, acaban esfumándose las posibles soluciones y alternativas que tenemos.
Ejercicio
Contémplate sentado frente a la pantalla, pero no desde la propia perspectiva, sino como si pudieses observarte a ti mismo desde un par de metros de distancia y desde una posición un tanto más elevada. Te miras por encima de los hombros y dices: "¡Fíjate en ese jugador que está ahí sentado!" ¿Qué dirías de él?
- ¿Está jugando bien, o ha empezado a cometer errores evidentes?
- ¿Crees que este jugador goza todavía de un buen estado mental, o ya ha entrado en tilt? ¿O por el contrario sólo está hecho polvo y necesita unas horas de descanso?
Imagínate que eres un amigo de ese jugador o un psicólogo que está con él mientras juega:
- ¿Qué errores comete?
- ¿Qué le aconsejarías que hiciera? ¿Según tú, qué debería hacer?
- ¿Qué harías tú si estuvieses en su lugar?
Este pequeño ejercicio te ayudará a observarte desde una cierta distancia y así podrás valorarte de forma objetiva. No subestimes el poder de este cambio de perspectiva, ya que para el cerebro esta simulación es como una situación real, con lo que es una buena forma de obtener nuevas impresiones.
Vías de escape: nuestra salvación para las situaciones de emergencia.
Si llega un momento en que ya no hay nada que hacer y no podemos controlar el juego de ninguna de las maneras, entonces necesitamos una vía de escape. Este mecanismo ha de ser lo suficientemente fuerte como para interrumpir los procesos anteriormente descritos. Puede bastar con una pausa, pero lo mejor es empezar a hacer otra cosa totalmente distinta que suponga un impulso estimulante y acapare nuestra atención para mantenernos totalmente ocupados.
Una simple pausa no suele ser suficiente, porque seguramente que acabemos tirándonos en el sofá o vagando por la casa, con lo que tendremos la posibilidad de seguir pensando en las mismas situaciones negativas. Intenta escoger alguna cosa que puedas hacer de forma menos automática.
Si por ejemplo una de tus aficiones es hacer footing, poco sentido tendrá que la utilices como vía de escape, ya que se trata de algo rutinario y muy automatizado que requiere muy poca concentración. Esta actividad te distraerá muy poco, a no ser que tenga connotaciones muy positivas, lo que no es muy frecuente si recorres trayectos de sobra conocidos.
A lo mejor, en este caso te resulta más útil jugar a los bolos o patinar sobre hielo que practicar tu deporte habitual. Otras alternativas podrían ser ir al cine, divertirte en un parque acuático, hacer una excursión, viajar a otra ciudad, emborracharte con tus amigos (por favor, esto último sólo con moderación y como medida puntual, no como norma. ¡Y no te juntes con gente relacionada con el póquer!), etcétera.
Piensa PREVIAMENTE en actividades que podrías hacer o incluso en personas a las que podría gustarles hacer dichas actividades contigo, y así poder recurrir a esa lista en casos de necesidad.
Aprende a decir "¡Basta!". Hazlo con la misma fuerza que te permite pasar miles de horas delante del ordenador jugando y enfrentándote a situaciones y partidas difíciles. Reconoce que trabajar el aspecto psicológico del póquer, así como el tuyo propio, es igual de importante que trabajar el aspecto técnico del juego.
![]() |
| Tienes que aprender a decir "¡Basta!" ¡Cambia de actividad! |
Pensar que tu juego puede dar un giro de 180 grados a tu favor en pleno tilt es un grave error.
Nos gusta pensar que todavía tenemos el control mental de la situación, sin embargo, tal y como hemos visto en el párrafo anterior, es simplemente una ilusión de nuestra conciencia, que nos engaña. Para nada podemos seguir jugando bien una vez entramos en tilt, ¡da lo mismo con qué intensidad lo deseemos! Nuestro cerebro abarca tan sólo una pequeña parte de nuestra personalidad. La mayor parte de nuestros procesos mentales transcurre de forma inconsciente, lo que significa que es imposible de percibir para nosotros. Únicamente se nos revela una pequeña parte, una especie de punta del iceberg, y lo hace en forma de sentimientos, sueños y recuerdos. En la parte más alta, cual náufrago, se encuentra nuestro cerebro, que anhela poder capitanear el iceberg.
Ejercicios de simulación: la visualización.
El inconsciente humano no distingue entre pasado, presente y futuro. Cuando soñamos la experiencia es inmediata y el cerebro no la filtra intelectualmente. Éste es el éxito de las técnicas de visualización, que ya hace muchas décadas que se vienen utilizando en el terreno de los deportes. Cuando, a mitad de la década de los años 70 los primeros conductores de trineos empezaron a balancearse con los ojos cerrados haciendo movimientos muy extraños, la gente los consideraba locos. Hoy en día, tanto si se trata de tenis, de golf, como de Fórmula 1, sabemos que éstas son técnicas tremendamente efectivas para preparar una determinada situación.
Ejercicio
Adopta una postura cómoda antes de empezar a jugar o bien una vez ya haya comenzado el juego. Con los ojos cerrados dibuja en tu mente una imagen muy gráfica de ti mismo (visualización) viendo cómo te levantas y sales de la habitación si la partida se pone fea.
![]() |
| ¡Analízate desde fuera! |
En tu representación mental no has de visualizarte desde la perspectiva del "yo", sino desde el exterior, tomando cierta distancia, como si alguien te hubiera hecho una foto o como si salieras en una postal.
Imagínate lo fácil que es levantarse de la silla, abandonar la habitación y olvidarse de la situación, también en el plano mental. Una buena técnica es, por ejemplo, repetir la visualización antes de empezar a jugar como parte de la preparación para el juego. De la misma forma que no esperas adquirir ciertas habilidades practicándolas tan sólo una vez, sino que las repites una y otra vez hasta que se fijan en tu cabeza, exactamente lo mismo ocurre con la visualización. Por eso, el resultado de repetir varias veces este ejercicio es que tu conciencia registra el proceso como si fuese real y lo practica, por así decirlo, como si de un simulador se tratara.
¡Cuidado! Cuando estés en el proceso de visualización no focalices en el hecho de que la partida transcurre de forma negativa, sino imagínate que tienes total y absoluta libertad para marcharte siempre que quieras. El punto de vista y los efectos serán totalmente distintos.
Claro que puedes imaginarte que durante una mala partida mantienes la calma, te relajas, sonríes y sigues en plena forma como si la situación no fuera contigo. También puedes visualizar que ya no entras más en tilt, que las circunstancias no te afectan para nada, que muestras estabilidad ante la adversidad y que eres capaz de dar los pasos necesarios en una situación determinada. No obstante, te recomendamos que empieces por lo más fácil, y que poco a poco, a medida que aumente tu confianza en la técnica, vayas poniéndote metas más altas. La primera vez no pretendas solucionar el más grave de los problemas, ¡todo a su debido tiempo!
Con estas técnicas ocurre lo que en todas, y es que ¡hay que practicarlas! Por ejemplo, cuando empezaste a trabajar con la tabla de manos iniciales en algún momento de tu carrera como jugador de póquer, no te limitaste a usarla en una única ocasión, sino que la pusiste en práctica durante días y semanas, una y otra vez. Pues con las técnicas de visualización ocurre lo mismo. Cuanto más familiarizado estés con ellas, mayor fuerza tendrán.
Intenta que las imágenes que visualizas sean lo más vistosas y atractivas que puedas, y que no sean demasiado fugaces, sino que se mantengan en tu mente de 3 a 5 minutos para que puedas trabajar con ellas. Si te cuesta hacerlo, puedes crearte una especie de "película mental" imaginándote, por ejemplo, qué es lo próximo que harías una vez acabada la partida. ¡Cuando lo hagas, déjate llevar por los fuertes sentimientos positivos! Entonces observa qué sensaciones tienes. Siente la fuerza y la satisfacción de tener la libertad interior para ser capaz de dejar el juego en el momento que quieras.
Resumen
- Aprende a observarte a ti mismo y a autoanalizarte. El póquer es un juego en el que es importante no sólo observar con detenimiento a tus adversarios, sino también a ti mismo.
- Así que, de la misma forma que aprendes a cómo actuar en ciertas
situaciones, también deberías desarrollar un plan de actuación estándar para las situaciones en que pierdes el control y entras en tilt. Necesitas un verdadero plan de emergencia contra incendios, y, como cualquier plan de este estilo, ha de prepararse previamente para estar siempre disponible en caso de emergencia.
- Reflexiona y comprueba en la práctica aquello que te puede ayudar a aceptar el tilt y
a hacerlo "parte de tu juego". No estás luchando contra nada ni te
estás engañando a ti mismo, sino que estás aprendiendo a cómo actuar en
esas situaciones, a protegerte y a mantener tu bankroll a salvo.
Sobre el autor: Robert Langer es asesor y entrenador psicológico (coach)
y tiene su propia consulta en Saarbrücken (Alemania). Asimismo, da
clases de Psicología en una importante escuela alemana de Homeopatía y
es profesor universitario de asignaturas del campo de la Programación
Neurolingüística (NLP), de la Psicología orientada a la solución de
problemas y de la Teoría de los Tipos Psicológicos.
| LINKS | |||||||
|
|||||||




